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Testimonios

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Testimonios (1)

Él era una buena persona, tenía carisma y le gustaba convivir

La Sra. Virginia Pineda García es originaria de Netzahualcoyotl en el Edo. de México y vive en Coatlinchán desde hace 14 años. En aquel tiempo, siendo su Suegra quien trabajaba en esta institución religiosa, fue ella quien le ayudó a entrar a dar servicio en la cocina el 20 de Noviembre de 1998. En ese entonces, el Padre Domingo estaba bien de salud y se valía por sí mismo, pero fue en ese tiempo que le tocó a la Sra. Virginia el cambio de Rector, tomando la responsabilidad el Pbro. José Trinidad Zapata Ortíz, hoy actual Obispo de San Andrés Tuxtla. testimonio01 El Padre Domingo, -dice con entusiasmo la Sra Virginia - “pasaba a la cocina para saludarlas y después de iba a recorrer el terreno, incluso tenía el Padre francés la particularidad de caminar con los brazos atrás y usando un sobrero. Él era una buena persona, tenía carisma y le gustaba convivir”. Además, la Sra. Virginia contaba con afecto de que el Padre Domingo se cuidaba mucho en su alimentación “le gustaba la crema de brocoli, las papas al horno con mantequilla” y al Padre le encantaba de que los Mariachis tocaran en las fiestas. Tiempo después, poco a poco la salud del Padre Desobry se fue deteriorando, y ya casi no bajaba a comer al comedor. El Padre Domingo con Mons. Carlos Aguiar Retes Hace 7 años, la sra. Teodora de Jesús Montalvo, originaria de Veracruz y viviendo en Coatlinchán desde hace 22 años, entró a trabajar en este Seminario, ya que una amiga suya la había recomendado. La Sra. Teodora conoció al Padre Domingo en sus últimos años de vida, “ya estaba muy enfermito” -se acuerda con tristeza. Agregó de que el Padre Quiché era quien les pedía la comida para el Padre Domingo, ya que él era quien lo asistía. El recuerdo que ella tiene del Padre Domingo es de que “él pasaba con la ayuda de un bastón a saludarlas a la cocina y que luego él salía a asolearse con una gorrita, que lo caracterizaba, no lejos de la cocina y platicaba con los muchachos. Se veía un hombre muy sonriente.”. Ella sentía que era un Padre “muy bueno y bondadoso”. testimonio02 La Sra. Teodora se acuerda el platillo que le preparaban al Padre Desobry, dice que le gustaba: “la papa al horno, crema de papa, pedía también lechuga y de vez en cuando un filete de pescado, y de postre su papaya”. Generalmente se le llevaba su comida a su cuarto, pues ya casi no bajaba al comedor, ya que su cuarto estaba en el tercer piso y no podía desplazarse fácilmente. El P. Domingo era acompañado continuamente testimonio03 La sra. Virginia cuenta de que la hermana Genoveva vino a visitar a su hermano Domingo cuando éste se enfermó y fue ahí donde ella la conoció. La impresión que ella tuvo de la hermana Genoveva fue muy agradable debido a “su gentileza y sencillez”. La imagen que tiene la Sra. Teodora de la hermana Genoveva es de que: “ella pasaba a saludarlas a la cocina pero solamente se limitaba a saludarlas, ya que su español era muy corto, mostrando ser una persona muy sonriente y amable”. La hermana Genoveva de visita en el Seminario. Sor Genoveva volvió a venir al Seminario, cuando falleció su único hermano que le quedaba. Las hermanas de la cocina ofrecieron una corona en el sepulcro del Padre Domingo, signo de un bello recuerdo de su persona. La misma hermana Genoveva vino a darles las gracias por la corona que ellas habían ofrecido para la sepultura. testimonio04 La hermana Genoveva en las honras funebres de su hermano Domingo

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