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Tips para discernir

Puntos importantes para el discernimiento vocacional

La vocación sacerdotal es una gracia y el recorrido para llegar a descubrirla también lo es; por lo tanto, debemos comenzar pidiendo a Dios con sencillez e insistencia su bondadosa sabiduría y su claridad en nuestra inteligencia. El discernimiento vocacional requiere un camino educativo y una pedagogía, puesto que el fin al que queremos llegar y el método empleado deben ser convergentes, pues la referencia es la persona de Jesús. El punto fundamental para percibir la llamada de Dios a servirle en el sacerdocio es sentirse alcanzado por el reino y la persona de Jesucristo, que nos revela la plenitud del misterio de Dios, nos enseña a responder en fidelidad a la voluntad del Padre. Ser una vocación en la edad adulta, no es sencillo, ya que es un proceso en donde el caminar esta lleno de fuertes experiencias que lo han llevado a una maduración. De esta manera, se ha llegado a una condición básica: creer el haber encontrado la vocación sacerdotal. Y esto es haberlo sentido en la paz, la confianza y la alegría, ya que la voluntad de Dios va unida a la realización personal. La voluntad de Dios se manifiesta en el amor al prójimo, en la apertura a las necesidades de los demás, en los valores morales, en la convergencia de la razón, en las intuiciones y en los sentimientos. Por lo cual, el aspirante al sacerdocio debe ir purificando su corazón de todos los apegos desordenados que le desvían del sentido último de la vida. Entonces, el esfuerzo debe centrarse en preparar el terreno para que nuestro Padre pueda actuar, poniéndose confiadamente en sus manos y descubriendo el paso de Dios en nuestra vida. El lugar adecuado de la escucha de Dios es la oración, que fortalece la confianza y la entrega, por medio de la fe, esperanza y caridad. Esta relación personal con el Espíritu Santo se logra en la oración contemplativa, en la meditación de su Palabra revelada, o también, a través de la lectura de los signos de los tiempos que se dan en el mundo cercano que nos rodea. El discernimiento de la vocación puede comenzar a darse de formas distintas: Una es, empezando a experimentar dudas existenciales que afectan lo vivido desde el interior de nuestra persona. Otra también puede ser, teniendo una falta de objetividad en el discernimiento. O finalmente, logrando desde el principio, una claridad en el discernimiento ya que el creyente percibe claramente la vocación a la que Dios le llama, teniendo una cierta paz interior. La vocación tiene mucho que ver con la maduración de la fe y con el tiempo oportuno para el discernimiento vocacional. Este camino de maduración vocacional puede ser lento y se va fraguando día a día. Este proceso requiere, en el momento adecuado unos días dedicados al discernimiento vocacional para preguntarse: ¿Qué sentido está teniendo mi vida? y ¿En dónde estoy fundamentando mi existencia?. Los rasgos de madurez vocacional son: la estabilidad psicológica, la sexualidad y la afectividad entendida como amor oblativo, la orientación de la vida desde el servicio a los demás, la fidelidad a las decisiones, la aceptación de las propias limitaciones, un estilo de vida sencillo y entregarse en lo cotidiano. En una vocación concreta, como la de aspirar al Sacerdocio Ministerial, supone un proceso de discernimiento que debe estar vinculado en el servicio en alguna parroquia o comunidad, asistiendo con agrado y regularidad a la Santa Misa. El prospecto a la vida consagrada, en la edad adulta, debe dejarse orientar con docilidad. Luego, decidirse valientemente por contactar la comunidad sacerdotal a la que desea integrar para su formación seminarística. Puntos importantes para el discernimiento vocacional: Lo primero que se debe hacer es dialogar con Dios. Sólo mediante la oración se podrá encontrar lo que Dios quiere. En este nivel podrías decir, "Dios Padre, yo quisiera ponerme en tu manos para saber lo que tú quieres de mi”. Segundo es estar atento a los deseos, a los miedos y a los proyectos. Esto es para percibir y escucharse a si mismo: ¿Qué es lo que más anhelas? ¿Cuáles son los acontecimientos han sido los más importantes de tu vida? ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida al Señor? En este nivel podrías llegar a concientizar: "Tal vez Dios me esté llamando; siento la inquietud de consagrar mi vida a Cristo". En el tercer punto, deberías saber cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes diocesanos o las diferentes congregaciones, y por cuál de ellas te sentirías atraído: ¿Es su estilo de vida?, es decir, la manera de vivir en la práctica religiosa: En este nivel podrías afirmar: "posiblemente el Señor me está llamando a ingresar a una institución formativa". Es importante reflexionar, en el cuarto nivel, sobre: ¿Cuáles son tus capacidades y limitaciones?, ¿En qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama?, ¿Qué es lo que te atrae de ese estado de vida consagrado, y qué es lo que no te gusta de él?. En este nivel llegarías a declarar; "creo que Dios me llama ". En el quinto punto, es tomar una decisión a pesar de los miedos, incertidumbres y limitaciones. Por lo cual, hay que pedirle al Espíritu Santo la gracia de poder responder a ese llamado radical de seguir a Jesucristo. En este nivel podrías decir: "quiero consagrar mi vida a al Señor en el servicio de mis hermanos". Ahora en el sexto nivel, se deben de buscar los medios que estén al alcance para realizar lo que se ha decidido. Es importante saber que la única manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Por lo cual, se tiene que vivir con coherencia y hay que estar dispuesto a las contrariedades, enfrentando cualquier dificultad. En este nivel podrías decidir, "yo puedo dejarlo todo y seguir mi vocación". En este último nivel, el séptimo, es vital tener un Director espiritual, que te motive a orar y te ayude a percibir los signos de la voluntad de Dios; normalmente, te indicará dónde obtener la información y te invitará a reflexionar. Además, te prepará convenientemente para ingresar en una institución formativa. Preponderantemente, te dejará sólo ante el Santísimo para que libremente decidas tu vida. Acudir al director espiritual es un acto de humildad; es aceptar la mediación de un hombre de Dios, representante de la Iglesia para descubrir el plan que Dios tiene para tu caminar. Hermano, por favor, acude a un director espiritual. En este nivel podrías sensibilizarte afirmando, "yo quiero vivir, siguiendo los pasos de mi Maestro y Señor Jesucristo". En este proyecto vocacional en la edad adulta, es bueno darle gracias a Dios de que hay una casa de formación especial para hombres maduros. Es maravilloso lograr entender que el Señor tiene preparado un camino, un porvernir, para cada uno, y éste sólo es posible cuando hay una actitud de disponibilidad y de recogimiento. Evidentemente que la formación es gradual, puesto que el corazón deberá de purificarse del pecado y ser sensible al amor en sí mismos y al prójimo. La vocación en la edad adulta es tierra fértil para que nuestro Dios, Padre, pueda hacer su voluntad en nosotros.

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